
Entrevistas en profundidad desde perspectivas y prácticas feministas
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Las entrevistas en profundidad son una técnica habitual en nuestro trabajo. Se trata de una técnica especialmente importante en la fase de investigación de los proyectos. Se utiliza con gente experta, personal de las administraciones públicas, agentes vecinales y locales, políticos, artistas, miembros de asociaciones… A menudo preguntamos a personas diferentes.
Es una técnica que se utiliza mucho dentro de la metodología cualitativa. Huyendo de la idea de que la metodología cuantitativa y la cualitativa son contrarias entre sí, es importante reflexionar sobre los efectos de la utilización de la metodología cualitativa y, sobre todo, de esta técnica.
Cuando la observación exterior y el análisis de otras fuentes no sirven, tenemos que optar directamente por preguntar. Además, las preguntas no se hacen mediante un cuestionario; se trata de una entrevista presencial, un encuentro entre dos personas. Esto implica subjetividad, una subjetividad bidireccional. Preguntamos a la gente acerca de sus experiencias, sus conocimientos y sus puntos de vista para tener una compresión más profunda, escuchar su manera de expresarse, observar sus matices, identificar las contradicciones y descubrir lo que no esperamos. En las ciencias sociales, a pesar de preguntar de una manera sistematizada, situar las respuestas en un contexto e interpretarlas según aquel, la subjetividad está presente. Decimos que esa subjetividad es bidireccional porque también nos encontramos con la subjetividad de la persona entrevistadora. Cada cual tiene su manera de mirar y de escuchar, su propia práctica. Y en lugar de pensar en la subjetividad como un problema, nos parece importante aceptarla y prestarle atención.
Tal y como hemos comentado, la entrevista se da entre dos personas, creando así un vínculo. Para que la entrevista sea fluida, es imprescindible que el ambiente en el que se desarrolla sea tranquilo para la persona entrevistada. Así mismo, la persona entrevistadora tiene que tener la capacidad de preguntar y de escuchar.
Hacer lugar al desconocimiento, a lo inesperado y a la vulnerabilidad
Podemos encontrar muchas guías en torno a las preguntas y los guiones de las entrevistas, pero ¿qué pasa con la escucha? La capacidad de escucha es necesaria y, en ese ejercicio de escucha, al igual que en cualquier investigación, hay que dejar espacio a lo inesperado. Si dirigimos y cerramos por completo las preguntas, el abanico de lo que es posible se estrechará en exceso, dejando fuera gran parte de lo inesperado.
Aquí es dónde se hace patente el tema de la vulnerabilidad. Hemos aprendido muchas lecciones desde las epistemologías feministas, entre ellas a tomar conciencia de la vulnerabilidad. El proceso de investigación nos sitúa en un estado vulnerable, el desconocimiento de lo que ocurrirá nos hace vulnerables. La socióloga Tiffany Page(1) nos habla de la escritura vulnerable, pero antes de llegar a la escritura manifiesta lo siguiente: “(…) all research involves aspects of vulnerability and forms of not-knowing”.
En ese ejercicio de escucha hay que tener en cuenta que cada persona que tenemos delante es diferente. Por lo tanto, tenemos que tener capacidad de adaptación. Sabemos que hay distintas maneras de comunicarse y de entender el tiempo, condicionadas por elementos culturales y otros factores. Por lo tanto, a pesar de preestablecer el contenido y el tiempo de una entrevista, hay que dejar espacio a la forma de comunicación, a las necesidades y deseos de la persona entrevistada.
Descartar la dicotomía del cuerpo-mente para que la ética sea el eje central del proceso
Por otra parte, queremos hacer hincapié en las implicaciones éticas. Recopilando aportaciones de la antropología feminista del País Vasco, Jone Miren Hernández manifiesta que la ética es el eje que atraviesa y fundamenta la práctica investigadora desde principio a fin.(2)
Pero, ¿Cómo se consigue que la ética sea el eje del proceso? Creemos que hacer preguntas en torno a la práctica profesional de cada cual, no dar por hecho las cosas y abrir grietas para la crítica, la duda y el cambio constituyen una vía posible.
Volviendo a la entrevista, podemos preguntarnos: ¿Qué relación de poder se da? ¿Desde dónde preguntamos? ¿Qué reconocimiento le damos a la persona que tenemos delante y a la información que nos ha sido compartida?
En esta vinculación entre personas y en el flujo de la información que se comparte aparece también otro elemento: el cuerpo. Sabemos que los silencios y las omisiones tienen tanta importancia como lo que se dice. Hemos aprendido a mirar más allá de las palabras. Reconocemos el valor del lenguaje no verbal. Sabemos que nuestra vestimenta, el tono de voz, la manera de mirar, el modo de mover las manos… influyen. Pero, más allá de lo comentado, queremos resaltar otros paradigmas en torno al cuerpo. Dejando de lado la dicotomía cabeza-cuerpo propia de Occidente, decimos que somos cuerpo: pensamos desde el cuerpo, hablamos desde el cuerpo, y recibimos y damos información desde el cuerpo. Pero, ¿le hacemos sitio en nuestros proyectos?
¿Por qué no prestamos atención a lo que percibimos mediante los sentidos, a las sensaciones físicas?
Estos nuevos paradigmas permiten crear otros tipos de conocimiento. Pero, al mismo tiempo, al ser un registro poco entrenado, debemos tener cuidado con las tendencias sexistas, racistas, capacitistas y clasistas que pueden tener nuestras interpretaciones.
Recogiendo la expresión oral
Para acabar con la reflexión en torno a las entrevistas en profundidad, queremos subrayar la potencialidad de este ámbito de participación. En la entrevistas en profundidad se recoge la expresión oral, que comparada con la expresión escrita, permite llegar a una parte más amplia y diversa de la población.
Las fuentes de expresión escrita han dominado la construcción de las ciencias sociales en Occidente y el hecho de que la expresión oral haya sido considerada como fuente de conocimiento en las últimas décadas ha supuesto situar en el centro del conocimiento a otros sujetos de conocimiento, a otros sujetos políticos.
Podemos encontrar claros ejemplos de esto en la historiografía feminista y en la construcción de la memoria colectiva. La mirada ha cambiada de lugar y la voz de los sujetos disidentes ha sido recogida mediante la técnica de las historias de vida para así poder hacer una reconstrucción de la interpretación de la historia.
Por último, desde la participación se quiere resaltar la contribución que las entrevistas, además de cumplir la función de conseguir información, pueden aportar al proceso de trabajo. Las entrevistas pueden enriquecer el proceso de trabajo. Si presentamos el proceso a las personas entrevistadas, podemos recoger dudas y mejoras. (3)
NOTAS
- Pagge, Tiffany (2017) Vulnerable writing as a feminist methodological practice.
- Esteban, Mari Luz y Hernandez, Jone Miren (2016) Etnografia feministak Euskal Herrian- XXI. mendera begira dagoen antropologia.
- Los miembros de Lacol manifiestan lo siguiente en cuanto al proceso participativo: “cuando entrevistamos a personas clave, además de obtener información de gran valor sobre el entorno, podemos enriquecer el proceso que hemos planteado. Es interesante presentar también el proceso a las personas clave, que podrán plantearnos dudas o mejoras sobre el enfoque y la concreción de nuestro diseño de proyecto.” (Lacol, 2018. Construir en colectivo. Participación en arquitectura y urbanismo, Pol·len edicions, 57)
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