
La práctica denominada «urbanismo táctico» consiste en intervenciones o iniciativas temporales en el espacio público. Suelen utilizarse para el pilotaje de intervenciones urbanas permanentes, por lo que la recogida y evaluación de los resultados de la experimentación es imprescindible.
« La participación ciudadana es el eje vertebrador de la forma de hacer del urbanismo táctico, como instrumento para fortalecer las relaciones de la comunidad y reforzar el sentimiento de pertenencia a los lugares. »
El concepto nació hace dos décadas, tiene su origen en las intervenciones que la ciudadanía ha puesto en práctica; una de las más conocidas son los «parklets» de San Francisco. En 2005, el equipo de diseño Rebar buscaba espacios para fomentar las relaciones comunitarias en la ciudad y los aparcamientos surgieron como espacios de oportunidad. Se podían alquilar a un precio asequible, unas pocas monedas por hora. El grupo eligió un aparcamiento en una parte especialmente gris del centro de San Francisco y lo convirtió en un pequeño parque. Sobre lo que era cemento extendieron hierba natural y colocaron un banco y un árbol en una maceta. En pocos minutos, un hombre se sentó en el asiento, se quitó los zapatos y se puso a comer.
« Otra persona se unió poco después y ambos se pusieron a hablar. »
El proyecto se popularizó, el tipo de intervención adquirió el nombre de «parklet», y surgió la iniciativa que hoy se conoce como Park(ing) Day. Se trata de una iniciativa que se lleva a cabo cada año en muchas ciudades del mundo para reivindicar el espacio público y promover alternativas sostenibles al uso del automóvil privado. El día del Park(ing) Day, los aparcamientos en la vía pública se convierten temporalmente en espacios públicos creativos, zonas verdes, instalaciones artísticas o espacios de esparcimiento, mostrando cómo se pueden aprovechar estos espacios de una manera más social y comunitaria. El grupo Rebar elaboró un manual de instrucciones Park(ing) Day en el que, además de abordar los aspectos técnicos de las instalaciones, se recogen algunos de sus valores fundamentales.
Aunque esta forma de hacer se está poniendo de moda a través del nuevo concepto de «urbanismo táctico», la praxis no es nueva, ni siquiera en el País Vasco. El fuerte crecimiento urbano de finales del siglo XX dejó espacios públicos con grandes carencias en nuestras ciudades, especialmente en los barrios obreros. Ante la falta de recursos o interés y la necesidad de las administraciones, los vecinos realizaron intervenciones para mejorar sus espacios vitales, que hoy podríamos interpretar como «urbanismo táctico». Aunque la responsabilidad de adecuar estos espacios recae en la administración pública, su práctica, que ronda los 20 años, nos sirve para recordar que hace no mucho tiempo los ciudadanos se sentían legitimados para reivindicar y transformar sus propios entornos.
Aunque esta forma de hacer se está poniendo de moda a través del nuevo concepto “urbanismo táctico”, la praxis no es nueva, tampoco en Euskal Herria. El fuerte crecimiento urbano de finales del siglo XX dejó espacios públicos de gran carencia en nuestras ciudades, especialmente en los barrios más obreros. Ante la necesidad y falta de recursos o interés de las administraciones, las vecinas y vecinos llevaron a cabo intervenciones para mejorar sus espacios vitales, las cuales hoy podríamos interpretar como «urbanismo táctico». Aunque la responsabilidad de adecuar estos espacios recae en la administración pública, su práctica nos sirve para recordar que hace no mucho tiempo la ciudadanía se sentía con legitimidad para reivindicar y transformar sus propios entornos.
« Hoy en día es difícil intervenir en los espacios que vivimos como ciudadanía. »
La normativa es opaca e inflexible y, en consecuencia, el sentimiento de propiedad hacia el espacio es escaso. Decir que tenemos derecho a intervenciones directas seguramente sería ingenuo. A menudo, la rigidez de los procesos urbanísticos nos lleva a pensar que no somos capaces de decidir qué y cómo se debería hacer en el espacio público. Porque venimos del profundo pensamiento y práctica tecnocrática del urbanismo, donde supuestamente las únicas personas que saben de ciudad son los arquitectos y los juristas.
Actualmente hemos olvidado que tenemos derecho a intervenir en los espacios en los que vivimos como ciudadanos o ciudadanas. No nos creemos que somos capaces de decidir qué y cómo hay que hacer en nuestro espacio público. De hecho, nos dicen que no nos corresponde a nosotras y nosotros, sino a las administraciones públicas y a las y los técnicos que colaboran con ellas en la práctica urbanística. Cómo si fuera suficiente dar nuestra opinión en una sesión participativa.
Nos encontramos en un paradigma complejo. Como sabemos, consensuar, concretar, adaptar e implementar la normativa urbanística es lento, en contraposición a la necesidad de dar respuesta a los retos multifuncionales que vivimos en la actualidad. Ante esta situación algunos Ayuntamientos empiezan a entender el urbanismo táctico como una oportunidad para experimentar las transformaciones del espacio público. Un ejemplo significativo son las intervenciones de urbanismo táctico que se han utilizado para activar el proyecto «Superillas» de Barcelona.
Sin embargo, existen resistencias y desafíos en el uso de esta herramienta. Al tratarse de intervenciones con un presupuesto reducido, la administración teme en ocasiones que sean intervenciones de calidad insuficiente. Además, cuando se realizan con el objetivo de experimentar, también se añade a la preocupación el riesgo de que no funcionen bien. Es por ello que resulta fundamental recordar que no se trata de que las intervenciones funcionen bien desde el principio. En el camino pueden surgir conflictos o problemas que no esperamos y lo importante es aprender de la experiencia. De esta forma, al plantear transformaciones urbanas con mayor presupuesto, se garantizará que funcionen y sean diseños decididos con la implicación de la ciudadanía. Para transformar nuestras ciudades y los pueblos necesitamos revisar también el proceso y la forma de entender los mecanismos que generan ese cambio.
« Podemos entender el «urbanismo táctico» como un instrumento para dar el salto de la intención a la acción, una intervención que se debería poder poner en marcha tanto por iniciativa de la ciudadanía, como de las administraciones públicas; siempre desde una mirada plural, elaborada con la facilitación del entendimiento, respeto y paciencia. »
Imagen: Instalación original de Park(ing); ubicada en San Francisco, creada por el grupo de diseño y activismo Rebar el 16 de noviembre de 2005.
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